Hace poco un grupo de miembros de Can Pujadas fuimos de visita a La Rural, nuestro principal proveedor, para conocer de primera mano sus nuevos proyectos. En la visita tocamos temas interesantes, comparto algunos que me llamaron la atención.

Alfred, nuestro guía, comenzó mostrándonos herramientas varias que usan, sencillas, para ayudarse en tareas concretas. Por ejemplo, una ingeniosa herramienta para calzar hortalizas, otra que va sembrando el plantel al pasar. Me acordé de la discusión sobre el «buen trabajo» en el maravilloso libro con ese nombre de E.F. Schumacher. En el hace diferenciaciones entre diferentes tecnologías: cuando las máquinas son más grandes y más inteligentes que nosotros, cesan de ser nuestros sirvientes y se vuelven nuestros patrones. Productores locales y pequeños como La Rural cumplen lo que el visionario Schumacher veía como una posibilidad para salir de nuestras diversas crisis. Pero no es fácil; no hay que romantizar este tipo de trabajo, como veremos…

El recorrido comenzó en la huerta principal en Valldorreix. Me llamaron la atención la maravilla de coles, de muchos tipos distintos, preciosas en esta época. Al respecto explica Alfred que hay que planear meticulosamente cuando sembrar cada tipo de col, cada una con su temporada correcta, no solo para la planta sino para poder ir satisfaciendo la demanda cuando la hay. Incluso una semana hace una diferencia. En cultivos como éste, se hace necesario comprar el plantel para reducir la complejidad de la coordinación de tiempos.

Surge el tema de la necesidad de cultivar tantos tipos de hortalizas; nosotros los consumidores estamos hoy (¿mal?)acostumbrados a muchísima variedad. Son tiempos muy distinto a aquellos en los que en inviernos había solo patatas, algunos pocos tipos de col, y alguna otra cosa. Un dato tal vez no muy sorprendente pero no por ello menos impresionante: el número de alimentos distintos, incluido aditivos, que consumimos ha aumentado un 3000% con respecto a hace un siglo1. Hoy productores como La Rural están obligados a producir barato, en franca competencia con monocultivos gigantescos y subvencionados, y además con una variedad desorbitada. Empezamos a entender las dificultades que enfrentan.

Pasamos también por una extendida zona donde se encuentran los tomates, sobresalen unos negros grandes, preciosos. Alfred toca aquí el tema de la hibridación. Toma como ejemplo el tomate Can Mandó, desarrollado en Collserola, (y de paso el más delicioso que yo haya comido alguna vez). Alfred nos cuenta que éste tipo de tomatera produce dos y medio kilos por planta mientras que otras tomateras producen siete kilos. Nos cuenta que las híbridas cuentan aquí con la ventaja de que unen diferentes propiedades, mejorando esa proporción calidad/ cantidad. El precio que tendrían que pedir si produjeran tomate tipo Can Mandó no lo pagaría nadie…. (Alguien del grupo reflexiona sobre la opción de que un tomate como el Can Mandó puede ser más bien ideal para las huertas de autoconsumo).

Un paréntesis: está bien ser consciente de que antes gastábamos una proporción mucho mas alta de nuestros ingresos en comida. Hoy, la diferencia de precio la estamos pagando en daños medioambientales, y también en sufrimiento, dado el trato cruel en la tenencia masiva de animales. Hemos abaratado la comida pero a un costo altísimo, el de destrozar el planeta y abusar de otros seres vivos.

La visita continúa, y nos detenemos al lado del rebaño de cabras, que está todavía en fase de consolidación. Pasamos a conocer una huerta nueva, vecina, que apenas comienzan a cultivar, con técnicas muy interesantes para adaptarse a las condiciones locales y del terreno. Aquí llama la atención que los bancales son curvos. El terreno está en pendiente, lo que normalmente lo haría difícil de cultivar, pues nutrientes y agua ruedan hacia abajo, causando erosión. Nos cuenta Alfred que han encontrado una solución: con ayuda de un topógrafo han marcado la líneas de un mismo nivel, y los tubos de riego hacen la curva siguiendo el nivel de la montaña. Al pisar entre las hileras se forma un camino plano que retendrá un poco la escorrentía. Sabiendo que hoy nos enfrentamos al calentamiento global, y que ya se puede notar que hay menos agua subterránea en Collserola, este es un modo muy ingenioso de mantener el agua lluvia en el terreno. En la parte más baja del huerto, adonde en todo caso caerán más agua y nutrientes, se planta abono verde (mencionan la magnífica consuelda). Este se usará como acolchado, devolviendo así los nutrientes a los bancales de arriba.

Como consumidores no sabemos de las dificultades que enfrentan productores pioneros como los de La Rural. En general, me quedé con la impresión de que ellos hacen equilibrio entre los valores que defienden y lo que es posible hacer si se quiere subsistir. Hacen que los goznes de las estructuras establecidas, reacias al cambio, chirríen, ídem de costumbres de consumo que todavía tenemos de un sistema que no es sostenible. Cuenta Alfred que se enfrentan a barreras y complicaciones burocráticas que no contemplan el cambio de tiempos hacia una necesaria sostenibilidad, de convivencia entre bosque y humanos. Sobretodo la regulación de los perímetros urbanos no tienen en cuenta todavía la importancia de tener productores en su entorno inmediato. Alfred explica, por ejemplo, que llevan tres años luchando por conseguir el CAC (contracte agrari de collserola), sin éxito hasta la fecha. También nos explica, otro botón de muestra, cómo la caseta que usan para armar las cestas para repartir se considera en la normativas como metros cuadrados de «chalet», por lo cual tienen que pagar una licencia. Y así, han gastado ya mucho dinero y tiempo valioso en trámites varios.

Aparte de esto, es también complicada la carga de tareas múltiples que tienen, al ser sus propios distribuidores. Hasta hace poco no se podían permitir ni siquiera el descanso del fines de semana. Esta situación ha mejorado, pero están considerando que haya más especialización: trabajar en conjunto con otros productores y distribuidores. Por otro lado, Alfred destaca que tienen una gran fuerza: en los grupos de consumo como Can Pujades tienen una comunidad que los apoya.

Si algo llama la atención de La Rural es su increíble dinámica, el espíritu de seguir adelante con nuevas ideas y proyectos. Hace no mucho incorporaron un proyecto: Can Salat, en Molins de Rei, donde cultivan plantas aromáticas y medicinales y además tienen un apiario. Muy recientemente han abierto su tienda en Valldorreix. Y su más reciente y gran proyecto: se han ganado un concurso para gestionar la finca de Can Ferriol, localizada adentro de Collserola y perteneciente al ayuntamiento de Sant Feliu de Llobregat. La gestión tendrá como ejes: la agroecología, la transformación social y la educación. Necesitarán apoyo para este gran proyecto; en un par de meses, comenzarán una campaña de crowdfunding, ¡estaremos informando!

Todo esto se puede también charlar directamente con ellos, los sábados en la huerta de Valldorreix, abren sus puertas para vender directamente al público.

Aquí está la web de La Rural para más información: https://laruraldecollserola.wordpress.com/

Autora: Gisela Ruiseco/ Can Pujades

1https://saeia.es/evolucion-de-la-alimentacion-en-los-ultimos-cien-anos/